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Descubre por qué los internados para jóvenes rebeldes en Cali son en realidad la única opción que muchos tienen para recibir educación.

Según sea el lugar del mundo del que hablemos, el concepto de “internado” es visto de manera distinta. Mientras en algunos países es sinónimo de “castigo” para los hijos que presentan un mal comportamiento, en otros es más bien visto como un “premio” para los niños, pues se espera que en estos centros reciban una mejor educación.

Así mismo, hay partes donde hay internados de distintos tipos, según sea la necesidad de los padres, y por supuesto de los propios menores. Pero la historia de Colombia, es una muy particular.

Los internados para jóvenes rebeldes en Cali, así como en otras ciudades y poblados pequeños del país sudamericano, son en realidad “la alternativa” que tiene el gobierno para poder garantizar de alguna manera la cobertura educativa para sus habitantes más pequeños.

Mientras Hollywood se ha encargado de retratar de manera detallada la vida dentro de los internados a través de películas como “La sociedad de los poetas muertos”, “Los coristas” (y hasta de manera chusca como en “Loca Academia de Policías”, que a final de cuentas era un internado). ¿Y cómo no? Si estos centros fueron el modelo educativo más famoso.

No obstante, dejando de lado la ficción del séptimo arte para volver a la vida real, los internados aún son algo vigente. Tan vigente, que tenemos lugares como Le Rosey, el internado más caro del mundo con sede en Suiza y cuya cuota de admisión anual asciende a los 80 mil euros.

En el lado opuesto de la moneda tenemos los internados para jóvenes rebeldes en Cali, donde el glamour se queda guardado para mejor ocasión.

puedan-tener-acceso-a-una-educacian-basica-y-mediaAquí, los internados han sido la apuesta para que miles y miles de menores de edad que viven en zonas de población dispersa puedan tener acceso a una educación básica y media. Si uno investiga un poco, se dará cuenta que, en departamentos como Amazonas, Guainía y Putumayo, estas instituciones son realmente la única opción.

Los internados son algo así como el “antídoto mágico” que ha frenado la deserción, al mismo tiempo que han aumentado la cobertura. Gracias a que en ellos se cuenta con alojamiento, los alumnos pueden evitar viajes bastante largos de la casa a la escuela y de regreso, los cuales en ocasiones podrían durar hasta días en realizarse.

No es sólo una opción ideal por cuestiones de practicidad, sino también de seguridad. Al no tener que efectuar estos grandes traslados de manera cotidiana, los menores evitan el contacto con grupos armados que atenten contra sus vidas. Como un “pequeño extra”, la educación en un internado garantiza además tres comidas al día, siendo una gran motivación.
Distintos países, distintas realidades, pero por alguna u otra razón, los internados continúan tan vivos como siempre lo han estado.